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tisdag 11 december 2012

Gobierno de EEUU miente sobre caso de Gross.


Conferencia de prensa de la Directora de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal Ferreiro. Centro de Prensa Internacional, La Habana, 5 de diciembre de 2012.
En los últimos días se han intensificado las declaraciones y los reportes falsos de funcionarios del Gobierno de EE.UU. sobre el caso del ciudadano estadounidense Alan Gross y, en particular, sobre el supuesto deterioro de su estado de salud.
El Gobierno de EE.UU. miente una vez más a la opinión pública, al afirmar que el Sr. Gross padece de cáncer y no recibe una atención médica adecuada.
Estas mentiras no han cesado, ni siquiera después de que se entregaron a su familia y a las autoridades de Estados Unidos los resultados de la biopsia practicada a la lesión que presenta en su espalda, los cuales no dejan dudas de que el Sr. Gross no tiene cáncer.
Un equipo integrado por médicos cubanos de primer nivel mundial ha brindado desde el primer día una atención sistemática al Sr. Gross. Este equipo dispone de una biopsia y otros exámenes que demuestran que el Sr. Gross no padece de cáncer ni de otra enfermedad que represente un peligro para su vida. EE.UU. no tiene evidencia alguna que demuestre lo contrario. De continuar estas tergiversaciones, nos veríamos obligados a divulgar nuevas pruebas.
El Gobierno de EE.UU. miente también sobre las condiciones carcelarias del Sr. Gross, su régimen de llamadas telefónicas y de visitas.
El Gobierno de EE.UU. continúa mintiendo sobre las causas que motivaron la detención del Sr. Gross, con el único propósito de evadir su responsabilidad directa por su situación y por la de su familia.
El Gobierno de EE.UU. nunca ha abordado con seriedad el caso de Alan Gross y acaba de reiterar la posición insostenible de que no tiene nada que negociar con Cuba para encontrar una solución. A su vez, insiste en exigirle a Cuba una decisión unilateral que no contemple nuestras preocupaciones humanitarias vinculadas al caso de los Cinco. Esto no es realista. Reitero hoy la disposición de Cuba a establecer de inmediato un diálogo sobre el tema de Gross.
A partir de todas estas fabricaciones y coincidiendo curiosamente con el aniversario de la detención de Alan Gross, el Gobierno de EE.UU. presionó al Grupo de Detención Arbitraria del Consejo de Derechos Humanos de NN.UU. para forzar una decisión que declare arbitraria la detención del Sr. Gross. Hoy denunciamos estas presiones, que condujeron a que se violentaran los procedimientos y los plazos habituales con que trabaja el Grupo.
Ayer, 4 de diciembre, el Gobierno de Cuba recibió la Opinión de este Grupo calificando de arbitraria la detención de Alan Gross.
Hoy estamos difundiendo a través de la página web del MINREX la respuesta enviada por Cuba a este Grupo de Naciones Unidas, que demuestra que la detención del Sr. Gross no califica, de ningún modo, como arbitraria.
Alan Gross fue detenido, procesado y sancionado con todas las garantías y derechos sobre el debido proceso judicial y cumpliendo los principios relativos a la independencia judicial. El Sr. Gross violó las leyes cubanas al cometer acciones que constituyen delitos graves severamente sancionados en la mayoría de los países, incluyendo EE.UU.
EE.UU. no permite que otro gobierno desconozca sus regulaciones y envíe clandestinamente a individuos a su territorio, con financiamiento gubernamental de este otro Estado, para que establezcan sistemas de comunicaciones ilegales y encubiertos, sin que medie ningún tipo de trámite o registro, mucho menos si ello tiene como objetivo realizar acciones de desestabilización contra el orden existente.
El Sr. Gross ha recibido un tratamiento decoroso y humano desde que fue arrestado.
Este Grupo de Naciones Unidas es el mismo que en mayo del 2005 declaró arbitraria la detención de los Cinco antiterroristas cubanos, por considerar que estos fueron mantenidos en confinamiento solitario durante 17 meses, sin debido acceso a los abogados y a las evidencias del caso, y porque existió un clima de predisposición y prejuicio que contribuyó a que los Cinco fueran presentados como culpables desde el principio, en ausencia de objetividad e imparcialidad.
El Gobierno de Cuba invita una vez más al Gobierno de EE.UU. a conversar seriamente sobre estos temas para lograr una solución humanitaria aceptable para ambas partes.
Publicado por Cubaminrex.cu

La importancia del voto cubanoamericano.


Jesús Arboleya Cervera
Por ser considerados entre los más conservadores del espectro político estadounidense, bastante revuelo ha causado la noticia de que al menos un 45 % de los electores cubanoamericanos votó por la candidatura del presidente Barack Obama, en las pasadas elecciones.

En realidad no debiera causar tanta sorpresa. Como dijo Álvaro Fernández en uno de sus comentarios, tales resultados no hacen más que confirmar una tendencia apreciable desde hace algunos años, que está relacionada con el impacto de los nuevos inmigrantes y la emergencia de jóvenes nacidos o formados en Estados Unidos, dentro del conjunto de votantes.
Aunque algunos opinan que estos cambios conducen inevitablemente al desinterés por el tema cubano, no parece que fue esto lo acontecido en las elecciones. Si los electores cubanoamericanos hubiesen votado por razones exclusivamente económicas, lo más probable es que tantos no lo hubieran hecho por Obama. Tampoco los movilizó una reforma migratoria que no necesitan o el problema de los indocumentados. Por último, aunque efectivamente a una población con altos índices de envejecimiento debiera preocuparle las propuestas republicanas contra los beneficios sociales, paradójicamente no fue este segmento el que votó por el presidente u otros candidatos demócratas.
Dos hechos, de cierta forma relacionados, saltan a la vista como causas del resultado electoral: el temor de muchos a que la política hacia Cuba regresara a sus fundamentos más hostiles y el rechazo ideológico de las nuevas generaciones al extremo conservadurismo de los republicanos, quedando otra vez establecida la diferencia entre el llamado “exilio histórico” y la mayoría del resto de la sociedad cubanoamericana, con el consecuente debilitamiento del predominio de la extrema derecha, que además se vio afectada por el retroceso de los sectores ultraconservadores estadounidenses con los cuales se vinculan.  
Resulta evidente que el tema de las relaciones con Cuba constituye una necesidad existencial de los nuevos inmigrantes, colocándolos en franca oposición con las propuestas republicanas encaminadas a limitar estos contactos. Pero esta contradicción no resulta tan clara en el caso de los jóvenes, cuyo vínculo con su patria de origen tiene un valor más difuso e incluso muchas veces ni siquiera se materializa en la práctica.
Quizá la razón de base, consiste en un fenómeno que por razones políticas ha quedado oculto en el análisis histórico de la comunidad cubanoamericana: la afiliación conservadora poco tiene que ver con la cultura cubana, donde casi resulta una aberración el fundamentalismo religioso y la intolerancia social que caracteriza a esta corriente, por lo que su preeminencia en este contexto solo se explica a partir de su identificación con el proyecto contrarrevolucionario.
En la medida en que por otras razones, incluso reflejando un proceso que engloba a buena parte de la sociedad norteamericana, esta filosofía ultraconservadora es rechazada por las nuevas generaciones, inevitablemente se produce el cuestionamiento de las premisas que le han servido de sustento dentro de la comunidad cubanoamericana, dígase la política hacia Cuba, aunque ésta efectivamente no sea la principal prioridad de estos electores.
El otro aspecto muy discutido ha sido la significación del cambio ocurrido y su impacto real en diversos aspectos de la vida política norteamericana. En realidad, la importancia del voto cubanoamericano ha sido bastante exagerada, ya que apenas tiene relevancia más allá del enclave miamense y ni siquiera en esta región ha determinado el triunfo del candidato presidencial republicano en múltiples elecciones.
Sin embargo, esto no quiere decir que descartemos su valor relativo, toda vez que la participación y cohesión mostrada por los electores cubanoamericanos ha posibilitado un alto nivel de control de las estructuras gubernamentales y administrativas locales, potenciando su influencia a otros niveles, como ocurre usualmente en Estados Unidos, sobre todo cuando este proceso resulta funcional a los intereses del sistema, como ha sido el caso.
La extrema derecha cubanoamericana ha sido un “producto” de la política norteamericana, no de la importancia del voto cubanoamericano, pero no hubiese podido plasmar su influencia sin la existencia de un electorado que le aportó credibilidad y acceso a posiciones de poder. Como el factor de cohesión por excelencia ha sido la beligerancia contra Cuba, la magnitud de lo ocurrido radica no solo en que el “lobby cubanoamericano” puede perder ascendencia en la política de Estados Unidos hacia la Isla, sino en que también podría verse afectado el balance de fuerzas a escala local, en detrimento de la maquinaria política tradicional.
Esto no quiere decir que los cubanoamericanos están condenados a perder su influencia en el sur de la Florida, sino que no bastará prometer fidelidad a la “causa contrarrevolucionaria” para ganar el apoyo de estos votantes, lo que abre espacio a otros competidores con otras agendas. Así induce a pensar la derrota del congresista republicano David Rivera frente al candidato demócrata Joe García, no tanto por la afiliación partidista de cada cual, sino porque el tema central de la disputa entre ambos, más allá del desprestigio de Rivera, fue el referido a la política hacia Cuba.
Estamos, por tanto, ante una situación nueva, que obliga a ambos partidos a revisar sus proyecciones políticas hacia esta comunidad. Para los republicanos, el discurso de la extrema derecha puede convertirse en una potala que hunda sus aspiraciones a escala local y dificulte el consenso con otros sectores conservadores interesados en los negocios con Cuba. Para los demócratas, por su parte, se abre la posibilidad de ampliar sus bases sociales en un entorno hasta ahora adverso, pero ello dependerá de satisfacer las aspiraciones de los nuevos electores, lo que necesariamente incluye una política más flexible y contemporizadora en el caso cubano.
También es nueva en lo que respecta a la política cubana, ya que tendrá que poner su mirada no solo en los nuevos emigrados, grandes beneficiarios de las reformas migratorias aprobadas recientemente, sino en los jóvenes cubanoamericanos, los cuales, al mismo tiempo que rechazan lo que consideran la obsesión irracional de sus padres y abuelos, perciben a Cuba como una realidad distante y problemática, obligando a pensar en acciones que estimulen el acercamiento, si el país pretende influir positivamente en la relación con los mismos.
Mirado hacia el pasado, algunos en Cuba pueden pensar que no vale la pena y lo mejor es que se olviden, pero ello sería una pretensión imposible, ni Cuba puede desentenderse de una realidad que reviste una importancia estratégica para la nación, ni los emigrados y sus descendientes desconocer el impacto del contacto con su patria de origen en su propia identidad como personas.
La moraleja es quizá el tema de las relaciones con Cuba es un asunto mucho más cercano a la vida cotidiana de los cubanoamericanos que lo que algunos piensan y eso también lo reflejó las pasadas elecciones.
Publicado en Progreso Semanal