OPINIÓN
VIOLENCIA JUVENIL
La violencia juvenil visibiliza el
mundo de la exclusión.
Por Ricardo Fletcher
El acto violento provocado por un joven
hace un par de semanas en el sur de Francia, ha revelado que la
violencia juvenil no ha disminuído en la república gala, muy por el
contrario ha aumentado estos últimos años, provocando preocupación
y conmoción tanto en las sociedades europeas, como en los actores
institucionales que tienen la responsabilidad de enfrentar una
situación que aún débilmente comprenden en su total magnitud.
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| Nantèrre 2010 Foto:Reuters |
En los últimos siete años, desde que
el 27 de octubre de 2005, dos jóvenes de 15 y 17 años murieron
electrocutados en Clichy-sous-Bois mientras aparentemente huían de
la policía, se han visibilizado en las grandes ciudades francesas un
conjunto de fenómenos que, siendo parte del complejo escenario que
viven las urbes en occidente, nos invita a pensar sobre las causas
profundas que podrían iniciar conflictos similares en países como
el nuestro. Lo anterior, por lo tanto, presupone que un punto de
partida que asocie estos actos a una simple manifestación de
delincuencia no es lo que se precisa para decodificar las razones que
impulsan este tipo de hechos.
La violencia juvenil debe ser vista a
la luz de las profundas transformaciones que el mundo experimenta y
que afectan de manera muy directa el orden político y económico.
Estas transformaciones han agudizado la exclusión, promoviendo en
muchos jóvenes una respuesta transgresora frente al poder. La
paradoja de esto es que la edificación de un ”contrapoder”
proveniente de la juventud, no implica necesariamente una
transformación de la sociedad, sino más bien la construcción de
una inserción justa y participativa donde la voz de los jóvenes sea
considera desde su experiencia individual, surgiendo, de esta manera
un nuevo escenario que redefine la violencia, la exclusión y el
poder.
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| Grenoble 2010 Foto: AFP |
Los jóvenes no son sólo violentos
porque sufran un conflicto identitario o no cuenten con claros
referentes de autoridad y la violencia juvenil no pone en oposición
– como lo explicaba el otrora Ministro del Interior de Francia,
Nicolas Sarkozy – a los “sanos” y a los “enfermos” de la
sociedad.
Es más bien la expresión de
conflictos e intereses que oponen a actores cuyas capacidades,
competencias y posibilidades de influencia son totalmente
asimétricas.
La violencia juvenil visibiliza el
mundo de la exclusión donde el alto nivel de cesantía es un
elemento clave; muestra la fragmentación y la segregación con la
construcción de gethos y barrios exclusivos; transparenta el
evidente “abandono” del Estado en zonas y sectores donde una
política pública oportuna y pertinente no sólo es deseable sino
fundamental; denuncia la falta de una respuesta organizada a actos
cotidianos de discriminación que dan forma a un comportamiento
cultural profundo que es absolutamente contradictorio con la
concepción de solidaridad; constata un malestar, una revuelta, a
veces contra sí mismo ( alcoholismo, suicidio, etc.) a veces contra
un orden establecido que es símbolo de abandono y precariedad y;
agreguemos que pone al descubierto la ausencia de diálogo entre
ciudadanos jóvenes que no confían en quienes toman las decisiones y
entre los adultos que no saben cómo abordar las complejidades de la
juventud.
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| París 2010 Foto:figaro |



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