måndag 30 april 2012

La violencia juvenil visibiliza el mundo de la exclusión


OPINIÓN
VIOLENCIA JUVENIL
La violencia juvenil visibiliza el mundo de la exclusión.
Por Ricardo Fletcher

El acto violento provocado por un joven hace un par de semanas en el sur de Francia, ha revelado que la violencia juvenil no ha disminuído en la república gala, muy por el contrario ha aumentado estos últimos años, provocando preocupación y conmoción tanto en las sociedades europeas, como en los actores institucionales que tienen la responsabilidad de enfrentar una situación que aún débilmente comprenden en su total magnitud.

Nantèrre 2010 Foto:Reuters
En los últimos siete años, desde que el 27 de octubre de 2005, dos jóvenes de 15 y 17 años murieron electrocutados en Clichy-sous-Bois mientras aparentemente huían de la policía, se han visibilizado en las grandes ciudades francesas un conjunto de fenómenos que, siendo parte del complejo escenario que viven las urbes en occidente, nos invita a pensar sobre las causas profundas que podrían iniciar conflictos similares en países como el nuestro. Lo anterior, por lo tanto, presupone que un punto de partida que asocie estos actos a una simple manifestación de delincuencia no es lo que se precisa para decodificar las razones que impulsan este tipo de hechos.

La violencia juvenil debe ser vista a la luz de las profundas transformaciones que el mundo experimenta y que afectan de manera muy directa el orden político y económico. Estas transformaciones han agudizado la exclusión, promoviendo en muchos jóvenes una respuesta transgresora frente al poder. La paradoja de esto es que la edificación de un ”contrapoder” proveniente de la juventud, no implica necesariamente una transformación de la sociedad, sino más bien la construcción de una inserción justa y participativa donde la voz de los jóvenes sea considera desde su experiencia individual, surgiendo, de esta manera un nuevo escenario que redefine la violencia, la exclusión y el poder.

Grenoble 2010 Foto: AFP
Los jóvenes no son sólo violentos porque sufran un conflicto identitario o no cuenten con claros referentes de autoridad y la violencia juvenil no pone en oposición – como lo explicaba el otrora Ministro del Interior de Francia, Nicolas Sarkozy – a los “sanos” y a los “enfermos” de la sociedad.
Es más bien la expresión de conflictos e intereses que oponen a actores cuyas capacidades, competencias y posibilidades de influencia son totalmente asimétricas.

La violencia juvenil visibiliza el mundo de la exclusión donde el alto nivel de cesantía es un elemento clave; muestra la fragmentación y la segregación con la construcción de gethos y barrios exclusivos; transparenta el evidente “abandono” del Estado en zonas y sectores donde una política pública oportuna y pertinente no sólo es deseable sino fundamental; denuncia la falta de una respuesta organizada a actos cotidianos de discriminación que dan forma a un comportamiento cultural profundo que es absolutamente contradictorio con la concepción de solidaridad; constata un malestar, una revuelta, a veces contra sí mismo ( alcoholismo, suicidio, etc.) a veces contra un orden establecido que es símbolo de abandono y precariedad y; agreguemos que pone al descubierto la ausencia de diálogo entre ciudadanos jóvenes que no confían en quienes toman las decisiones y entre los adultos que no saben cómo abordar las complejidades de la juventud.


París 2010 Foto:figaro
Frente a estas evidencias, las políticas públicas dirigidas a la juventud, lejos de ser una excentricidad, son una necesidad evidente para cualquier Estado preocupado de abordar integralmente los problemas que les afectarán. Ellas deben estar caracterizadas por la identificación y consagración de derechos para reconstruir el vínculo entre jóvenes y comunidad; la aplicación de políticas que enfrenten la exclusión, fundamentalmente en la educación y empleo; y eliminar con celeridad las discriminaciones – culturales e institucionales – como factor de entendimiento. Si las instituciones no avanzan en la dirección adecuada, se mantendrá una espiral de malestar difícil de romper.  

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