ANÁLISIS
Más allá del drama de Toulouse
Los días en que la democracia
francesa quedó suspendida.
Por Ricardo Fletcher
Si uno cree en las encuestas, no habría
ningún efecto "Toulouse" en la campaña electoral al
sillón presidencial francés. Si esto se confirma, obviamente, habrá
que felicitar al pueblo francés. A pesar de muchos esfuerzos
políticos y de los medios de comunicación y, a pesar de las
emociones legítimas causadas por la tragedia, los franceses no han
perdido de vista sus principales problemas como sociedad, el
desempleo, la caída del poder adquisitivo, el destino de las
escuelas y los servicios públicos, sistema de pensión solidaria en
quiebra, etc. La publicación de las cifras de la población cesante
el 26 de marzo -que suman 4. 547.000- se instaló como el debate
central. Sin embargo, los esfuerzos del oportunismo mediático, de
los equipos de prensa de los partidos políticos franceses invitan a
pensar un poco más detenidamente.
Más allá del drama de Toulouse, este
triste episodio dice mucho sobre la naturaleza de la política
francesa y de la fragilidad de la democracia actual, en las manos de
asesores de imagen y productores de eventos, desprovistos de
escrúpulos, que se encargan de demostrar que sus candidatos a la
presidencia son personas que se conmueven, precisamente, en estas
jornadas decisivas en que la opinión e intención de voto se está
formando en los electores.
Durante unos días estos expertos
mediáticos pactaron una supuesta "suspensión" de la
campaña electoral, sin embargo, una operación más sutil, resolvió
algunos puntos que favorecen a Nicolas Sarkozy y su equipo, en esta
ocasión. El miércoles 21 Valérie Rosso-Debord, delegado general
adjunto de la UMP (Unión por un Movimiento Popular), lanzaba una
frase para atacar a ", Francois Hollande (PS), y Marine Le Pen
(FN)", con un instructivo argumental: "Mientras que la
comunidad nacional está de duelo y crece la necesidad de unidad
nacional frente a estos hechos, dos candidatos, François Hollande, y
Marine Le Pen, tratan de explotar a su favor político este drama",
dice Rosso-Debord. El llamado a la unidad nacional no tiene otro
significado que silenciar a sus rivales. Nicolás Sarkozy, mientras
tanto, en su calidad de Presidente de la República, podrá seguir
ocupando la tribuna. Cualquier espacio. Cualquier otra persona que se
refiera al "asesino de la motocicleta" es acusado de romper
la unidad nacional. Estos son los resortes que se usan cuando un país
está en guerra. No se trató un paréntesis de la campaña
electoral, sino que la débil democracia gala fué la que se
suspendió, por unos días.
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| Ministro del Interior Claude Guéant foto:AFP |
De esta manera el equipo comunicacional
de Nicolas Sarkozy golpea con todo su arsenal propagandístico, y ya
no se limitan a la transformación de los espacios o de la producción
de contenidos ya que gracias a este drama cargado de emociones, los
franceses vieron en su función presidencial y con su bufanda
tricolor a un Nicolás Sarkozi con un comportamiento ejemplar, con el
que fué rindiendo homenaje por todos los rincones de la república.
Como si "el paréntesis" hubiese sido el "momento de
la reflexión y del luto", una actitud que ciertos analistas de
izquierda y derecha, describieron como de una falsa sinceridad. No es
necesario ser erudito en comunicaciones para darse cuenta de la
maquinaria montada por la derecha: ”Yo exagero el dolor (casi) en
silencio, mientras que, en secreto, con la artillería pesada disparo
mis fétidas bombas a mis contendores”.
En una campaña electoral, sería
ingenuo pensar que la politización de la catástrofe de Toulouse del
Ministro de Interior Claude Guéant se hizo sin el conocimiento del
candidato-Presidente! O imaginar que las operaciones informadas por
el mismo ministro, hora tras hora, en el canal de televisión BFM de
Francia, no las conoció jamás. Todo esto, mientras que los diarios
y revistas, mantenían la mentira del "paréntesis",
esperando una señal de las empresas encuestadoras afines a la UMP,
que dieran un golpe de suerte en los sondeos. Cuando estos sondeos no
fueron favorables al candidato-presidente, se forzó el debate
político, obligando a ceder ante el falso concenso de la lucha
contra el terrorismo donde la sola voz que se escucha es la del
Presidente, situándolo en una posición inigualable, remitiendo a
los demás candidatos al silencio, sin poder imponer su opinión.
El crimen de Mohamed Merah que cobró
la vida de siete personas, entre ellos tres niños, desde cualquier
punto de vista es innoble. Innoble en su cumplimiento; innoble en su
motivaciones, obviamente antisemita. Esto no es una noticia como las
otras, porque el asesino quiso dar a su acto un simbolismo. Y el
símbolo es terrible. Pero la pregunta es saber si el delito de Merah
desafía la sociedad francesa y la pone en riesgo, esto nos remite a
la personalidad del joven(1). Bastante complicada como mucho de los
jóvenes extranjeros en Francia, que uno no puede esgrimir como causa
de su acto, el sólo hecho de la "conversión" de Merah al
islamismo o salafismo, por ejemplo. El era un delincuente conocido
por la policía, en noviembre pasado fué detenido e interrogado y
fué catalogado como un "creador de riñas y peleas en la
ciudad". Si se hubiese unido a la Legión extranjera, como era
su deseo, tal vez hubiese partido a Afganistán para matar talibanes.
la violencia parecía ser su unica coherencia.
Mientras el presidente continuaba con
sus ataques, "No habrá ni ingenuidad, ni debilidad" frente
al Islamismo radical, advertía Sarkozy; el uso indebido de temas de
seguridad ligados con el islam, o peor aún, la inmigración, no
tenía ninguna relevancia, pero fueron muy bien utilizados por el
equipo comunicacional de Sarkozi.
Todas nuestras sociedades tienen
personas capaces de producir esos actos. En Francia, los Estados
Unidos - donde son muy frecuentes -, Noruega -aún los nórdicos no se reponen del doble atentado terrorista de extrema derecha, Anders Behring Breivik que saldó con 70 jóvenes muertos y un centenar de heridos-, Alemania (nos hemos
olvidado de la masacre en una escuela secundaria en Erfurt que saldó
con dieciséis muertes en 2002), en los cuales los delincuentes
presentan perfiles muy diferentes. Hasta los menos pensados, como el
ex militante ecologista y miembro de la Liga de los Derechos Humanos
que abrió fuego en el pleno del Consejo de la Ciudad de Nanterre (al
este de París), hace tan solo diez años. No es que no haya nada que
decir sobre lo que ocurrió en Toulouse. Todo lo contrario, hay
demasiado que decir para reducir este drama a un slogan de una
campaña electoral incriminando a la derecha o a la izquierda por su
imcompetencia, a una religión convencida que posee la verdad o a un
segmento discriminado de la población. Pero nada de esto es
importante para los equipos de comunicación de los candidatos
presidenciales.
La tragedia de Toulouse muestra la
fragilidad y el vencimiento de la democracia europea. Una democracia
que se basa en una elección cada cuatro o cinco años, donde se
evita el debate político de fondo y la ciudadanía no es escuchada
ni interpretada por los políticos. Una democracia que centra el
futuro de un país en un sistema político mediatizado, los
productores y asesores que, además, trabajan con los medios de
comunicación, se esmeran cada vez más en producir la emoción
cuando más se necesita la razón.
(1) Ver: El
abogado de M. Merah niega su radicalización en la cárcel.


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